Skip to content
Opciones
Narrow screen resolution Wide screen resolution Auto-adjust screen resolution Increase font size Decrease font size Default font size

El viejo comunista y la hoja parroquial.
Escrito por Luis Torremocha   
Lunes, 11 de Abril de 2011 23:25

El viejo comunista y la hoja parroquial, o lo penetrante  de los credos... O “ la fuerza del sino”

 “ Yo creía que el sol salía
a to´ el mundo calentando
 y ahora veo que le va dando,
sengún la esperensia mia,
a algunos calor to´ el dia
 y a muchos de cuando en cuando”

Él, Antonio,  de tan reposado   paso como  de verbo, - “El Tranquilito” le llamaban algunos, - había soñado, se había creído en su mocedad lo del hombre nuevo del marxismo, que las injusticias sempiternas de este mundo, que la letrilla del encabezamiento del flamenco que tanto amaba, tenían sus días contados.
Que sus niños, o sus nietos, como los de los ricos, también reirían un dia paseando en su bicicleta en la plaza del pueblo...
Que el chascarrillo que a la luz de la lumbre oyó un día, ( “ oye, ¿ qué es eso del comunismo?. Pues mira que el cortijero Juanico repartirá sus tierras para que no haya hambre en el  Lugar. Frasquito, sus cabras darán leche para todos. Entonces nuestros guarros habrá que repartirlos. Chiquilla, nuestros guarros qué coño tendrán que ver con el comunismo”), esto no seria verdad.

 Junto con dos o tres amigos se decidió a crear una célula del PC en el pueblo. Con obediencia espartana  cumplía  instrucciones, recibía informaciones, repartía  las hojas informativas., difundía novedades, Aprovechando horas de la noche  o citas en el campo o en la fragua.. Eso sí, a unos pocos selectos y de entera confianza. La guardia civil caminera  podía presentarse en cualquier sitio y a cualquier hora. Y en el pueblo- ya se sabe- todo son ojos abiertos de par en par, y a todas horas. Durante años hizo esta labor clandestina y rigurosa, con frutos pequeños pero bien maduros, que echaron las bases para un pueblo que durante mas de treinta años  de democracia seguía mayoritariamente su opción política. Qué satisfacción, qué sonrisa mostraba Antonio cuando le decían: “ tu pueblo es uno de los mas comunistas de la provincia...”

Y qué “malrrato” cuando aquello del muro de Berlín. ¿ Es un mal sueño?. No puede ser verdad que aquella verdad, tan verdad, tanto tiempo verdad, se derrumbara con el muro. Ningún palo tan fuerte como este. Ni siquiera la redada del año 70, cuando por la presion y tortura a  algunos le hicieron cantar y fueron dando con sus huesos todos en la cárcel. “ ES que era mucha la angustia, la presion tan insoportable que los pobreticos  míos  se nos vinieron abajo.”

Acusación:  pertenencia a grupo subversivo y ateo para Antonio. Pruebas de esto ultimo: que colocaba mirando a la pared, al revés, los cuadros religiosos con  que  su mujer decoraba  la casa. Ni las horas de interrogatorios, ni el sufrimiento para su mujer, hijos, padres, que no se habían percatado de nada hasta ahora, ni los meses de prisión, ni el juicio por el tribunal del Orden Publico en Madrid. Nada tan terrible como que la condición humana hubiera hecho añicos aquella teoría que tanto le apasionaba. ¿ Seria el egoísmo, como el falso comunista de los guarros? O simplemente que “ el capital ha estao mas alerta y otra vez ha vencío”.

Bueno, y siempre ilusionado con sus ideas, la vida siguió. Con la democracia, por lo menos, disfrutó mucho por defender sus ideas en la plaza pública, pero el paso de los años pasó su ineludible factura. Los hijos crecieron, se emanciparon. Su esposa enfermó y falleció. Para cuidarlo los dos o tres últimos años de su vida, también afectado por “dolomas”, las lumbalgias lo tiraban a la cama durante días... y el colesterol... y las cataratas, los accesos de tos... vino una mujer buena y hacendosa, boliviana. Con un solo defectillo, cristiana a machamartillo, todas sus conversaciones giraban en torno a la conversión, a la vuelta del hijo pródigo.   Y Antonio, ateo convicto y confeso,  prisionero de gratitud, incapaz de negarse a su cuidadora,  cuyo trato era delicado y muy afectuoso, se vio leyendo todos los días  la hoja parroquial con los comentarios de ella, además. Para su interior, por momentos, era como una gota malaya, como “ mugidos de mar tempestuosa, a la que un viento adverso embiste ciego”. Éstas  subidas momentáneas de rabia las contenía una y otra vez, pensando para sí, con su tranquila  filosofía, su fatum mediterráneo,: “ Cómo  han rodao, qué roante  han tomao las cosas para este final mío.”
 Y  se fue Antonio con el convencimiento de que, a pesar de la hoja parroquial, los desheredados de este mundo reiniciaran un DIA la tarea. Y ESTA VEZ PARA GANAR,  mas pronto que tarde. Sonriendo.


                                                                             Luis Torremocha Durán



Última actualización el Lunes, 11 de Abril de 2011 23:29