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COSAS DEL LUGAR: EL CAÑO DE LA MAMINA
Escrito por lLuis Torremocha   
Sábado, 23 de Julio de 2016 18:04

       Cual si de un símbolo, epítome, metonimia de los años 40-50 de la vida de la gente, hombres y mujeres, del Lugar se tratara: la Mamina.

        Era flacucha, enjuta de cuerpo, “traspillaita” por la calidad ultrajante de su día a día, siempre vestida de negro. No muy agraciada por la naturaleza…mucho menos por el ambiente: ojillos chicos, casi cerrados. La carita “picaita” de viruela.

        Se buscaba la vida acarreando agua de las fuentes:  De la “Fuenteabajo,” a gorda el cántaro. Al cuadril, encallecido, en invierno y en verano. El largo ascenso, jadeante, calle arriba con el cántaro lleno, hasta La Poyata  o por cualquier otra empinada calle. Así, cada día, uno y otro día, un mes y otro… y años tras año… para poder comer…Tenía dos hijas, madre soltera. La sordidez de aquellos años negros también le sobrecogió como mujer pobre y sola. Amantes  esporádicos, “la perdieron,” le “hicieron” dos muchachas.

       Ah, el cántaro de la fuente “Las Parras” era  a tres chicas. La calles arriba, lo  mismo de empinadas. Apenas sudaba. No tendría ni agua por dentro  que perder…

         La solidaridad de la gente le tenia asignado un caño: el caño de la Mamina. No tenía que guardar cola, cola de horas. Un privilegio. Un discreto y tierno reconocimiento de los demás.

         Con los estigmas de su época, marcados a fuego en su cuerpo y en su alma, desapareció un buen día.  Como tantas  personas  de aquellos aciagos años.

         Queda por escribir el dolor, el sufrimiento físico y moral, anónimo, de  aquella generación del infortunio, infortunio creado.



Última actualización el Sábado, 23 de Julio de 2016 18:07